La leyenda de Lilith
El origen de la leyenda que presenta a
Lilit como primera mujer se encuentra en una interpretación rabínica de
Génesis 1, 27. Antes de explicar que Yahvéh dio a Adán una esposa
llamada Eva, formada a partir de su costilla (Génesis 2:4-25), el texto
dice: «Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó;
varón y mujer los creó». Si bien hoy suele interpretarse esto como un
mismo hecho explicado dos veces, otra interpretación posible es que Dios
creó en primer lugar una mujer a imagen suya, formada al mismo tiempo
que Adán, y sólo más tarde creó de la costilla de Adán a Eva. La primera
mujer a la que alude Gn. 1, 27 sería Lilit, la cual abandonó a su
marido y el jardín del Edén.
La leyenda está vinculada a una tradición
mágico-religiosa judía: la costumbre de poner un amuleto alrededor del
cuello de los niños recién nacidos, con el nombre de tres ángeles (Snvi,
Snsvi, Smnglof).
El Génesis Rabba, midrás sobre el libro del Génesis,
recopilado en el siglo V en Palestina, señala que Eva no existía
todavía en el sexto día de la Creación. Entonces Yahvéh había dispuesto
que Adán diese nombre a todas las bestias, aves y otros seres vivientes.
Cuando desfilaron ante él en parejas, macho y hembra, Adán —que ya era
un hombre de veinte años— sintió celos de su amor, y aunque copuló con
cada hembra por turnos, no encontró satisfacción en el acto. Por ello
exclamó: «¡Todas las criaturas tienen la pareja apropiada, menos yo!», y
rogó al Dios que remediara esa injusticia.
Según el Yalqut Reubeni,
colección de comentarios cabalísticos acerca del Pentateuco, recopilada
por R. Reuben ben Hoshke Cohen (muerto en 1673) en Praga:
Yahvéh formó entonces a Lilit, la primera
mujer, del mismo modo que había formado a Adán. De la unión de Adán con
esta hembra, y con otra parecida llamado Naamá, hermana de Túbal Caín,
nacieron Asmodeo e innumerables demonios que todavía atormentan a la
humanidad. Muchas generaciones después, Lilit y Naamá se presentaron
ante el tribunal de Salomón disfrazadas como rameras de Jerusalén.
Adán y Lilit nunca hallaron armonía
juntos, pues cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilit
se sentía ofendida por la postura acostada que él le exigía. «¿Por qué
he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con
polvo, y por lo tanto soy tu igual». Como Adán trató de obligarla a
obedecer, Lilit, encolerizada, pronunció el nombre mágico de Dios, se
elevó por los aires y lo abandonó.
Saliendo del Edén fue a dar a las orillas
del Mar Rojo (hogar de muchos demonios). Allí se entregó a la lujuria
con éstos, dando a luz a los lilim. Cuando tres ángeles de Dios
fueron a buscarla (Snvi, Snsvi y Smnglof), ella se negó. El cielo la
castigó haciendo que muriesen cien de sus hijos al día. Desde entonces
las tradiciones judías medievales dicen que ella intenta vengarse
matando a los niños menores de ocho días, incircuncisos.
El novelista italiano de origen judío Primo Levi pone en boca de uno de sus personajes esta visión de Lilit:
A ella le gusta mucho el semen del
hombre, y anda siempre al acecho de ver a dónde ha podido caer
(generalmente en las sábanas). Todo el semen que no acaba en el único
lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo:
todo el semen que ha desperdiciado el hombre a lo largo de su vida, ya
sea en sueños, o por vicio o adulterio. Te harás una idea de lo mucho
que recibe: por eso está siempre preñada y no hace más que parir.
Primo Levi, Lilít y otros relatos, Barcelona. Edicions 62, 1989, p. 24.