Lady Ginebra
Ginebra (en el llamado protocéltico: Uindā Seibra – Sombra Blanca o Hada Blanca–, en britónico: Vino-Hibirā que luego dio origen a los nombres Ishara y Jennifer, en córnico y en bretón: Gwenhwyvar o Gwined-yar y en galés Genhwyfar ; Guinevere en inglés, Ginevra y Ginebra o Genoveva en italiano y español, respectivamente; Geneviève en francés), era la esposa del Rey Arturo.
Según las leyendas asociadas al mito
artúrico, Ginebra fue infiel al Rey Arturo con Lancelot, uno de los
caballeros de la Mesa Redonda. La leyenda asocia la infidelidad de
Ginebra con Lancelot a la caída del reino de Camelot, de ahí que sea
considerada como un símbolo de la fragilidad de la condición humana y de
la perversión. En el contexto del mito de Arturo se señalará que
Ginebra era uno con la Tierra, y que con su enfermedad o malestar la
tierra y las cosechas se resentían. Tras el desliz de Ginebra con
Lancelot, Inglaterra (o el reino de Arturo), otrora un sitio de gran
prosperidad, decae.
Leyenda
Según el mito, Ginebra sería la hija del
rey Leodegrance de Cameliard. El rey Arturo envia a Lancelot a que la
traiga a Camelot para casarse con ella, y en el viaje ambos se enamoran.
En cuanto llegan a Camelot, Arturo y Ginebra se casan, y Ginebra se
convierte en el centro de la corte.
Tiene en general buenas relaciones con su
esposo, pero se enemista con la bruja y hermanastra de Arturo Morgana
al expulsar de la corte a Sir Guiomar, amante de Morgana y sobrino de la
propia Ginebra. Morgana guardará siempre rencor hacia la reina y se lo
transmitirá a sus hijos.
Aunque casada con Arturo, el amor que
Lancelot y Ginebra sienten durará hasta la muerte de ambos. En todo
caso, los enemigos de Arturo aprovecharán esta relación para fraguar la
acusación de adulterio y conspiración que lanzan sobre Lancelot y
Ginebra. Esto lleva a una condena de muerte para la reina y una orden de
expulsión del reino para Lancelot.
Lancelot no puede permitir la muerte de
Ginebra y, al intentar salvarla, mata a dos de los hijos del rey Lot de
Lothian y de Morgause (hermana mayor de Arturo), lo que deriva en guerra
abierta entre dichos reinos y Camelot, y supuso al final la muerte de
todos los caballeros de la Mesa Redonda.
La condena a muerte de Ginebra no se
materializa en la leyenda. Ginebra recibe la noticia de la muerte de
Arturo y de todos los caballeros de la Mesa Redonda cuando estaba en la
torre de Londres, donde voluntariamente se había encerrado para no caer
en las manos de Mordred. Se viste con ropas de luto y ordena a sus damas
que hicieran lo mismo. Se dirige a Amesbury, en Wilshire, donde habría
un convento en el que la reina decide tomar los hábitos. Pasa el resto
de su vida de forma anónima. Años después fue elegida superiora del
convento.
En el convento, poco después de la muerte
de Arturo, tiene una última entrevista con sir Lancelot.
Posteriormente, Lancelot abandona la vida de caballero y se convierte en
monje ermitaño. Años más tarde Lancelot tiene un sueño donde un ángel
se le aparece y le dice que debe fabricar un féretro, ponerle ruedas y
dirigirse con él a Amesbury donde encontraría muerta a la reina. Así lo
hace: al llegar a Amesbury recoge el cadáver de Ginebra y lo lleva a
enterrar junto al de Arturo.
Familiares
En la inmensa mayoría de las historias Ginebra no tiene descendencia. Las dos principales excepciones son el Perlesvaus y la Alliteraitve Morte Arthure.
En el primero, un personaje llamado Loholt es en apariencia hijo de
Ginebra, aunque en otras obras se lo mencione como hijo ilegítimo de
Arturo. En la segunda, Ginebra acaba convirtiéndose en contra de su
voluntad en la esposa de su hijastro Mordred, con el que tiene dos
hijos. Existen además menciones a los hijos de Arturo en las Tríadas
Galesas, aunque su parentesco con Ginebra es dudoso. Otras relaciones de
parentesco para con Ginebra son igualmente confusas: en el Lancelot-Grail y en en el romance alemán Diu Crône
su hermanastra y un hermano juegan papeles antagonistas, pero ninguno
de ellos es mencionado en ninguna otra leyenda; la tradición galesa
presenta a una hermana de Ginebra, Gwenhyvach, y abunda en la enemistad
entre ambas; aunque la literatura posterior suele nombrar a Leodegrance
como padre de Ginebra, su madre no suele ser mencionada pese a que a
veces se la mencione como viva y en otras ocasiones como ya fallecida.
Ello ocurre por ejemplo en el romance en inglés medieval The Awntyrs off Arthure
(Las Aventuras de Arturo), en el que el fantasma de la madre de Ginebra
se le aparece a la reina y al sir Gawain en el bosque de Inglewood.
En algunas ocasiones, no obstante,
Ginebra no es hija de Leodegrance, sobre todo en aquellas más tendientes
hacia la historicidad del personaje. Geoffrey de Monmouth cuenta que
Ginebra es descendiente de una familia noble romana, siendo pupila de
Cador, Duque de Cornuales. La versión de de Monmouth es bastante
distinta a la más tradicional, pues narra cómo Arturo deja a Ginebra en
Inglaterra al cuidado de su sobrino Mordred mientras viaja a Europa
Continental para enfrentarse contra el ficticio procurador romano Lucio
Hiberio. En su ausencia, Mordred seduce a Morgana, se declara Rey y la
toma como esposa. Al regresar Arturo, se enfrentará contra un Mordred
usurpador en la Batalla de Camlann, en la que ambos fallecen.
Otras obras mencionan a algunos primos o
sobrinos de Ginebra como sir Guiomar, aunque en general no suelen ser
mencionados en ninguna otra obra.
Valoración
Ginebra ha sido retratada con todo tipo
de características, que la pintan desde una traidora oportunista y débil
hasta una dama noble y virtuosa que cae ingenuamente en el pecado.
Prácticamente todas las leyendas artúricas en las que aparecen se
centran en su infidelidad con Lancelot y sus consecuencias para el reino
de Arturo. Este amor fuera del matrimonio es muy comprensible para un
lector de la Edad Media: es propio de una época en la que los
matrimonios se celebraban en muchas ocasiones por motivos económicos o
políticos, y en los que el amor no siempre surgía entre los casados.
El amor entre Lancelot y Ginebra, en
efecto, suele estar caracterizado como un ejemplo del llamado “amor
cortés”, en el que la dama era considerada un objeto de culto al que se
adoraba, regalaba, e incluso cuando el adorador era capaz, se le hacían
versos o canciones que alababan su belleza. Hasta ahí lo permitido;
pasar de esos gestos era enfrentarse a las normas eclesiásticas y
sociales que, evidentemente, Ginebra y Lancelot rebasan. Las leyendas
suele incidir en ese punto en ciertos aspectos de la relación en base a
los cuales puede concluirse desde la perversidad de ambos, infieles a
Arturo, hasta un ejemplo trágico de la fatalidad. Así, hay ocasiones en
que se incide en la pureza del amor que sentían el uno por el otro y se
retrata la terrible fatalidad con que dicho amor a todas luces imposible
intenta triunfar y acaba por llevar a la caída de Camelot. El
paralelismo con Helena de Troya es en esos casos patente: ambas llevan a
un gran reino a su decadencia y caída a raíz de un amor equivocado. En
otras ocasiones directamente se los condena por adúlteros y pecadores, y
se los muestra con un cariz más perverso.
Conforme avanza el desarrollo histórico
de la leyenda artúrica, la caracterización de Ginebra fue variando. En
los primeros romances en verso se la suele mostrar desde un punto de
vista desfavorable o incluso se omite toda mención a la reina, mientras
que autores posteriores emplearon sus buenas o malas cualidades para
abundar en un personaje más profundo y que juega un papel mucho más
preponderante en el mito. Fue Chrétien de Troyes el primero en elaborar
en algo más allá de mera esposa de Arturo el personaje de Ginebra,
posiblemente para agradar a su público, consistente en las damas de la
corte de la condesa Marie de Champagne. En Yvain, Caballero del León de Chrétien, Ginebra es alabada por su inteligencia, afabilidad y gentileza, mientras que en el Lanval de Marie de France y en el Sir Launfal de Thomas Chestre aparece retratada como una adúltera vengativa que disgusta al protagonista y a todos los caballeros de bien.
La esterilidad o carencia de hijos de
Ginebra suele interpretarse como un castigo divino por su infidelidad, y
a veces se incide en la contrariedad que ello supone para Arturo, quien
por lo demás no dudará en serle él mismo infiel a Ginebra sin que ello
suponga para él ningún perjuicio social. En todo caso esta carencia de
hijos suele mencionarse en las leyendas posteriores, dónde se usa para
algún fin narrativo o moralista; en las leyendas más antiguas suele
sencillamente omitirse la mención de cualquier hijo suyo, pero sin
declarar explícitamente que la reina no tuviera descendencia.
(Wikipedia)