Tratado sobre la historia de la brujería.
15/09/2011 — Morganna
Brujería: Brujería es el conjunto de
creencias, conocimientos prácticos y actividades atribuidos a ciertas
personas llamadas brujas (existe también la forma masculina, brujos,
aunque es menos frecuente) que están supuestamente dotadas de ciertas
habilidades mágicas que emplean con la finalidad de causar daño.
Terminología:
Brujas y hechiceras. Las primeras habrían
desarrollado su actividad en un ámbito predominantemente rural y
habrían sido las principales víctimas de las cazas de brujas en los años
1450-1750. En cambio, las hechiceras, conocidas desde la antigüedad
clásica, son personajes fundamentalmente urbanos: un ejemplo
característico en la literatura española es la protagonista de La
Celestina de Fernando de Rojas. A diferencia de los practicantes de la
magia culta, que alcanzó gran desarrollo en el Renacimiento, tanto la
bruja rural como la hechicera urbana pertenecían en general a clases
sociales marginadas, lo que las hacía más vulnerables a las
persecuciones. Se cree que las artes de brujas y hechiceras eran
transmitidas oralmente de generación en generación, por lo que todos los
testimonios acerca de sus prácticas proceden de autores ajenos y muy a
menudo hostiles a ellas.
La palabra española bruja es de
etimología dudosa, posiblemente prerromana, del mismo origen que el
portugués y gallego bruxa y el catalán bruixa. La primera aparición
documentada de la palabra, en su forma bruxa, data de finales del siglo
XIII. En 1396 se encuentra la palabra broxa, en aragonés, en las
Ordinaciones y Paramientos de Barbastro.
En el País Vasco y en Navarra se utilizó también el término sorguiña (en euskera sorgin), y en Galicia, la voz meiga.
En latín, las brujas eran denominadas
maleficae (singular maléfica), término que se utilizó para designarlas
en Europa durante toda la Edad Media y gran parte de la edad moderna.
Términos aproximadamente equivalentes en otras lenguas, aunque con
diferentes connotaciones, son el inglés witch, el alemán Hexe y el
francés sorcièreBrujas y hechiceras.
La brujería es una pervivencia de la
antigua religión ritual y matriarcal de la época neolítica. Forma parte
de los cultos a la Gran Madre, diosa de la fecundidad sexual y agrícola
(Danna, Demeter, Gaia, Isis), y se sustenta en símbolos como la figura
cornuda de un hechicero provisto del asta del animal que cazaba y
adoraba su comunidad. El documento eclesiástico del siglo XII Canon
Episcopi relacionaba la brujería con el culto a la diosa Diana (la diosa
de la mitología romana más próxima a la Gran Madre) y consideraba a las
brujas “mujeres desamparadas, pervertidas por Satanás” que no volaban
ni se transformaban en bestias más que en sus fantasías. La brujería es
tan antigua como la necesidad humana de seguridad y está tan unida a
las creencias religiosas que no puede sino asombrarnos que durante
siglos se haya insistido en vilipendiar a una para alabar las bondades
de la otra, como si realmente fueran tan distintas.
ORÍGEN DE LA BRUJERÍA.
Por así decirlo, el primer contacto
histórico con la magia lo sobrenatural y la brujería se remonta al
paleolítico auque es un tema que se analiza con más fuerza durante la
Edad Media en adelante. La brujería y sus ideales religioso, difieren
mucho de la religión en general y sobre todo de la occidental y
cristiana, ya que las brujas idolatran a una Diosa. Su Fe en el poder de
la libertad espiritual, es la fuente de su credo, siendo este uno de
los aspectos más incomprensibles al culto de los que son extraños a él.
Desde las culturas más remotas la adoración de diosas proliferó debido a
leyendas de culturas orientales, egipcias, adoraban a la mujer como
dadora de vida a través del acto sexual. De ahí que en fiestas ( la
recogida de la siembra…) las mujeres bailaban desnudas, y la celebración
se convirtiera en verdaderas orgías , actos que nada tenían que ver con
los ritos religiosos ajenos a esta deidad, que veían en estos actos la
personificación del diablo y el estado pecaminoso en su cota más
supremas; en muchas civilizaciones había templos específicos en los que
adoraban a la Madre Tierra o alguna deidad que personificara el amor, la
reproducción, la protección de la cosecha , e incluso recurrían a los
templos a practicar el acto sexual como una forma de adoración o rendir
culto a la Deidad , aunque por lo general se obligaba a la mujer a
rendirse en una especie de “prostitución sacra” ; ej: el culto a la
diosa Milita (Istar). En este caso, todas las mujeres tenían la
obligación religiosa de que, al menos, una vez en su vida tendrían que
mantener relaciones con extranjeros en honor a esta diosa, esto dio paso
a la creación de la prostitución sagrada. Cuando el clero comenzó a
enriquecerse con esta práctica, aunque no formaba parte de la brujería,
sin embargo, tuvo una conexión indirecta durante la posterior
persecución de brujas, en tanto en cuanto había formado parte de las
viejas religiones; y los cristianos habían heredado de los judíos la
abominación por esta práctica. , aunque esta practica llego a formar
parte de los Sabbats durante el medievo.
De siempre, los hombres han notado la
influencia de la Naturaleza y de los diferentes elementos del universo
en sus vidas y exustencia. Los orígenes de la brujería son muy antiguos y
difíciles de situar. Se ha intentado explicar con diferentes teorías
durante todos los tiempos y por numerosos científicos, teólogos,
antropólogos y estudiosos.
Se inicia con la prehistoria, donde ya,
para ayudar a su tribu, se respaldaba el papel de brujo. Intermediario
entre el hombre, la naturaleza y más allá, el chamán podría promover la
caza, tratar y curar heridas y detener la lluvia …
Más tarde, nos encontramos con las
antiguas creencias pre-cristianas de Mesopotamia, Persia y Caldea. Los
caldeos, incluyendo sacrificios practicado en un panteón habitado por
los dioses temibles, para evitar su ira. En Persia, la doctrina
religiosa defendida por Zaraoustre, también conocido como Zaratustra,
fue el orgullo de la brujería (se creía que las uñas y el cabello, una
vez separada del cuerpo pertenecía a la maldad se mantiene como la
limpieza). Se pueden encontrar en varios lugares: entre los turcos o los
gauchos de Chile que ocultan el pelo en las grietas de las paredes,
entre los armenios que se esconden en las iglesias en Irlanda, donde
ponemos corte de pelo a un lado con el fin de recuperar el Juicio Final
(en palabras de la Biblia, el pelo de cada uno son contados por el
Todopoderoso). En Francia, hasta el siglo XVI, se creía que los insectos
eran el resultado de una corrupción del pelo o las uñas. Por lo tanto,
en Gran Bretaña se pensaba que el pelo quemado se convirtió en moscas
(Belcebú, uno de los príncipe de los demonios, también fue llamado el
“Dios de las Moscas”).
En la Prehistoria, la religión griega
se nutrió de la religión del Oriente Próximo, de la que derivan muchas
deidades y es en Grecia, donde aparece la adoración a un Dios padre, en
la figura de Zeus, y las diosas madres pasan a un segundo plano
subordinadas a Zeus, este hecho puede ser una clara interpretación del
triunfo del principio patriarcal sobre el matriarcal. El ritual de la
moderna brujería contiene elementos de las leyendas de Deméter e Istar,
divinidades griegas.
En el mundo griego existieron diferentes
tipos de brujas, destacando dos: la alcahueta decrépita, horrorosa y
perversa que se aprovechaba de seres inocentes y desamparados, como la
Dipsas de Ovidio y la Strix, una bella mujer que de noche se
transformaba en pájaro y volaba en busca de carne humana. La capacidad
de la bruja de metamorfosearse en animal junto a la habilidad para
preparar y utilizar todo tipo de venenos y el desproporcionado apetito
sexual, son otros de los atributos con los que la antigüedad clásica
“adornó” a la bruja; atributos que la Edad Media hizo suyos. Y, sin
embargo, la bruja es también el ser benigno, protector de las cosechas y
los nacimientos, garante de la prosperidad de la comunidad. En su
ambivalencia y su cercanía reside su éxito.
En las antiguas Grecia y Roma, estaba
extendida la creencia en la magia. Existía, sin embargo, una clara
distinción entre distintos tipos de magia según su intención. La magia
benéfica a menudo se realizaba públicamente, era considerada necesaria e
incluso existían funcionarios estatales, como los augures romanos,
encargados de esta actividad. En cambio, la magia realizada con fines
maléficos era perseguida. Se atribuía generalmente la magia maléfica a
hechiceras (en latín maleficae), de las que hay numerosas menciones en
numerosos autores clásicos. Según estos textos, de estas hechiceras se
creía que tenían la capacidad de transformarse en animales, que podían
volar de noche y que practicaban la magia tanto en provecho propio como
por encargo de terceras personas. Se dedicaban preferentemente a la
magia erótica, aunque también eran capaces de provocar daños tales como
enfermedades o tempestades. Se reunían de noche, y consideraban como sus
protectoras e invocaban en sus conjuros a diosas como Hécate, Selene y
Diana.
Probablemente las brujas más conocidas de
la literatura clásica son dos personajes mitológicos, Circe y Medea.
Las habilidades mágicas de ambas residen sobre todo en su dominio de las
pócimas o filtros mágicos (phármakon, en griego). Medea, que se
presenta a sí misma como adoradora de Hécate, se convirtió en el
arquetipo de la hechicería en las literaturas griega y romana. Hay
menciones de brujas en las obras de Teócrito, Horacio, Ovidio, Apuleyo,
Lucano y Petronio, entre muchos otros. Estos autores hacen especialmente
referencia a brujas que realizan magia de tipo erótico.
Relacionada con la creencia grecorromana
en las brujas está la figura de la striga, un animal nocturno que es
mitad pájaro mitad ser humano que se alimenta de sangre (y que resulta
también un precedente de la moderna figura del vampiro). Los escritores
antiguos fueron a menudo escépticos acerca de las presuntas facultades
de las brujas.
La brujería en el antiguo testamento
En el Antiguo Testamento, concretamente
en el Éxodo, se prohíbe la brujería, y se establece que debe ser
castigada con la pena de muerte: “A la hechicera no la dejarás que viva”
(Éxodo 22:18). Es de notar que, al igual que en la Grecia y Roma
clásicas, la brujería aparece como una actividad mayoritariamente
femenina, lo cual no es de extrañar, ya que la asociación de la mujer
con “el Mal” es frecuente en la Biblia. De otras citas bíblicas
(Levítico 20:27, Deuteronomio 18:11-12), se desprende que la principal
actividad de estas brujas bíblicas era la necromancia o invocación a los
muertos. En el Primer Libro de Samuel (1Samuel 28:1-25 se relata la
historia de la bruja de Endor, a la que Saúl, contraviniendo sus propias
leyes, recurrió para invocar al espíritu de Samuel antes de una guerra
con los filisteos.
Si bien la actitud del cristianismo
con respecto de algunas prácticas mágicas, tales como la astrología o la
alquimia, fue en ciertos momentos ambigua, la condena de la brujería
fue explícita e inequívoca desde los comienzos de la religión cristiana.
En la Alta Edad Media varias leyes condenaron la brujería, basadas
tanto en el ejemplo del derecho romano como en la voluntad de erradicar
todas aquellas prácticas relacionadas con el paganismo. Sin embargo, la
actitud eclesiástica no parece haber sido demasiado beligerante durante
la primera mitad de la Edad Media, como lo atestiguan documentos como el
Canon Episcopi. La situación cambió cuando la Iglesia comenzó a
perseguir las herejías cátara y valdense. Ambas concedían una gran
importancia al demonio, y para estas comunidades cristianas éste estaba
personalizado en la Iglesia Romana Papal, debido a sus grandes abusos.
En especial los cátaros se referían a ella como “la prostituta”. Para
combatir estas herejías fue creada la Inquisición pontificia en el siglo
XIII. En el siglo siguiente comienzan a aparecer en los procesos por
brujería las acusaciones de pacto con el Diablo, el primer elemento
determinante en el concepto moderno de brujería.
LA BRUJERÍA EN LA EDAD MEDIA
Introducción
A finales de la Edad Media empezó a
configurarse una nueva imagen de la bruja, que tiene su principal origen
en la asociación de la brujería con el culto al Diablo (demoniolatría)
y, por lo tanto, con la idolatría (adoración de dioses falsos) y la
herejía (desviación de la ortodoxia). Aunque el primer proceso por
brujería en que están documentadas acusaciones de asociación con el
Diablo tuvo lugar en Kilkenny, Irlanda, en 1324-1325, sólo hacia
1420-1430 puede considerarse consolidado el nuevo concepto de brujería.
Con el triunfo del cristianismo se
produce la condena de todas las creencias paganas y se convierte la
Magia en pura representación del mal. Teológicamente hablando, la
primera vez que se define el concepto de Diablo fue el año 447 en el
Concilio de Toledo. Se define como una figura oscura y monstruosa que
huele a azufre, con cuernos, patas y orejas de asno, peludo con garras y
un gran falo. En los aquelarres aparecía como un alto caballero negro,
enmascarado.
La concepción misma que se tuvo del
diablo cambio visiblemente durante la Edad Media, a lo largo de esta
solía recibir el nombre de Satanás, denominación que significa el
enemigo y que aparece en la Biblia. En el Antiguo Testamento, Satanás no
figura como personaje importante porque al ser el judaísmo una religión
monoteísta, se atribuyo el origen de toda la creación y administración
del universo al único Dios verdadero, Yahvé, cualquier acontecimiento o
realidad tanto del bien como el mal era responsabilidad suya. En el
Nuevo Testamento adquirió una preeminencia mucho mayor; no sólo tentó al
mismo Cristo en el desierto sino que se convirtió en el poderoso
oponente de la cristiandad, incitando a los hombres a alejarse de Dios y
rechazar sus doctrinas. Surgió por lo tanto, un conflicto, una lucha
titánica entre el reino de Cristo y el de Satanás, conflicto que
continuaría hasta el Segundo Advenimiento predicho en el Apocalipsis.
A medida que el cristianismo se propagaba
fue natural que los Padres de la Iglesia atribuyesen a Satanás las
religiones paganas y judías. Una de las tácticas más eficaces de la
Iglesia Cristiana con los conversos que seguían adorando dioses paganos,
fue la de demonizarlos, es decir, asegurar que tales dioses eran en
realidad demonios o Satanás en persona. Tal fue esta creencia que los
cristianos comenzaron a pintar al Demonio tal como los paganos
representaban a sus dioses, por ejemplo la barba de chivo, las pezuñas
partidas, los cuernos, la piel arrugada, la desnudez y la forma
semi-animal, hace referencia directa al dios grecorromano Pan como a
Cernuno, dios Celta, mientras que los senos de mujer de algunas
representaciones procedían de la diosa de la fertilidad Diana. Hay que
aclarar que estas imágenes de las confesiones de las brujas (en los
archivos inquisitoriales), procedían con seguridad de las descripciones
que el inquisidor o el juez sugerían durante el tormento, por lo tanto
no son para nada objetivas y reflejan la idea cristiana del demonio
adorado como dios por la bruja, en la opinión del inquisidor. Aunque
corrientemente se le denominaba Satanás, había otras formas de llamarlo,
por ejemplo Lucifer, palabra latina que significa estrella de la mañana
y que los escritores patristicos asignaron al gran arcángel que se
rebelo contra Dios y fue expulsado del cielo al infierno; este nombre no
aparece en la Biblia, por tanto, paso a ser un nombre que podía
utilizarse para designar a Satanás antes de la caída. Además de otros
títulos como Príncipe de las Tinieblas, Príncipe de este Mundo o
simplemente demonio, los cristianos de la Edad Media y el mundo moderno
creían en la existencia de un gran numero de diablos, demonios o
espíritus malvados que ayudaban a Satanás en su obra del mal, tentación o
destrucción. Para graficar esta creencia existe un texto de 1584,
escrito por él medico holandés Johannes Weyer llamado Pseudos monarchia
Daemonum, donde se encuentran listas de algunas de las aptitudes o
características de los principales demonios, además, de los oficios y
poderes que posee:
Purson, alias Curson, un gran rey, se
aparece como un hombre de cara de león, llevando una crudelísima víbora y
montada en un oso. Su llegada es anunciada con trompetas. Sabe donde se
ocultaban todas las cosas y puede hablar de todas las cosas presentes,
pasadas y futuras, guarda grandes tesoros, puede tomar cuerpos humanos y
celestiales, responde la verdad acerca de todas las cosas terrenas y
secretas, de la divinidad y la creación del mundo, y es capaz de hacer
aparecer a los mejores familiares. Le obedecen veintidós legiones de
diablos provenientes en parte del orden de las virtudes, y en parte del
orden de los troncos…
Glasya Labolas, alias, Caacrinolas, o
Caassimolar, es un gran presidente que se aparece con nombre de perro y
tienes alas de grifo. Es quien da el conocimiento de las artes y es el
capitán de todos los asesinos. Comprende todas las cosas presentes y
futuras, se gana las mentes y el amor de amigos y enemigos, es capaz de
hacer invisible a un hombre y gobierna a treinta y seis legiones…
Shax, alias Scox, es un marqués grande y
oscuro con aspecto de cigüeña, con una voz ronca y sutil. Hace cosas
maravillosas tales como quitar la vista, el oído, y el entendimiento de
cualquier hombre, si se lo pide quien lo conjura: extrae dineros de las
arcas de cualquier rey…
Malphas es un gran presidente, a quien se
ve con forma de cuervo, pero vestido al modo humano. Habla con una voz
ronca, construye casas y altas torres de aspecto maravilloso rápidamente
se gana a los artífices. También hace que se derrumben las
fortificaciones enemigas, ayuda a los buenos familiares, gusta de
recibir sacrificios pero rechaza a quienes lo hacen, le obedecen
cuarenta legiones….
Estas fuentes pertenecen a escritos que
se hicieron frecuentes a partir del siglo XVI, son escritas por hombres
instruidos que no eran magos ni perseguían magos, eran manuales de magia
ritual, son llamado spseudo−salomonicos porque su origen se remonta a
ese rey judío, considerado un gran monarca, modelo de sabiduría y gran
fortuna. Estas obras contenían, en lenguaje grandilocuente, formulas
para conjurar demonios y especificaciones sobre los sacrificios que
debían ofrendársele. A pesar de la gran cantidad de poderes que se le
atribuían al diablo (provocar ilusiones, posesión de cuerpos humanos y
animales, volar, etc.), según el punto de vista escolástico, no poseía
ni remotamente un poder ilimitado sobre el mundo físico. No tenia la
facultad de cambiar la sustancia de las cosas o realizar milagros,
tampoco podía crear ninguna forma de vida nueva; solo podía operar con
el universo creado por Dios: Hiciera lo que hiciese, el demonio obraba
por permiso explícito de Dios. Declarar que el Diablo se asemejaba en
alguna manera a Dios, era una herejía dualista. Durante el siglo XV
cuando el poder del demonio aprecia ir en aumento y comenzaban los
primeros juicios por brujería, la figura del diablo comenzó a
experimentar una significativa transformación. A lo largo de la Edad
Media, el diablo había sido descrito como el enemigo de Cristo, maestro
del odio y del no−amor; ahora se presentaba cada vez mas como la
contrafigura de Dios Padre, principio y objeto de idolatría y falsa
religión. Una de las fuentes de esta transformación fue la insistencia
de los teólogos escolásticos en proponer como fundamento de la ética
cristiana los Diez Mandamientos en vez de los Siete Pecados Capitales,
es decir, el primero de los Diez Mandamientos prohíbe adorar dioses
falsos, transgresión no comprendida fácilmente bajo los Siete Pecados
Capitales, esto es fundamental ya que la mayor consideración dada a este
nuevo tipo de sistema moral, que católicos y protestantes adoptaron en
el momento de la Reforma, transformo el delito de brujería, que
cambiaría su consideración de maleficium por la de adoración del diablo.
Ejemplo de esto es cuando el teólogo tardo medieval Jean Gerson, fue el
principal responsable de la decisión tomada en 1398 por la facultad de
teología de la Universidad de París según la cual todos los magos, tanto
benéficos como maléficos, eran culpables de idolatría.
Veamos un proceso de actualización
(revivir autores o leyendas antiguas) en autores como San Agustín que
vuelven a narrar la historia de Lucio y su conversión en hombre-asno, la
cual proviene de La Metamorfosis o El Asno de Oro de Apuleyo. Así el
santo dice en “De civitate Dei” que ciertas mujeres, mesoneras de
profesión… dando de comer queso a los viajeros… los convertían en
jumentos, que servían para el transporte. En el siglo IV y V se cree en
la posibilidad física de tales metamorfosis, sin embargo, San Agustín se
muestra escéptico y cree que es el demonio quien les hace creer a esos
hombres que es real lo que sólo les ha ocurrido en sueños. Esta fue la
tesis que sostuvo la Iglesia en la primera parte de la Edad Media: la
del ensueño producido por intervención diabólica. Avanzada la Edad Media
surgieron hombres que sostuvieron a machamartillo que todo lo que se
decía sobre las hechiceras era real, que volaban y se metamorfoseaban.
En el siglo IX hubo una gran discusión entre el papa León IX y Pedro
Damián acerca del caso de un joven que había sido transformado en asno
por unas mujeres, después que el juglar lo hubo contado en público
convenció al papa para que castigara a las hechiceras.
Lo normal es que en la historia de los
hombres los conceptos evolucionen o se adapten a los intereses de cada
época. Pero el concepto de demonio es un cambio brusco, una mutación
cultural que se produce cuando el cristianismo ya se cree la única
religión poderosa y ataca a las creencias paganas y a los cultos
idolátricos, recurriendo a una autoridad antigua, una autoridad
maniquea, que simboliza el Mal absoluto, el demonio. Durante siglos han
coexistido en el mismo plano el paganismo y el cristianismo, pero en la
baja Edad Media triunfa el cristianismo y se sitúa en un plano superior,
junto con el cielo y el sol. Mientras el paganismo queda relegado en la
parte inferior, y en lo más profundo, sitúan los teólogos cristianos al
diablo, junto con las antiguas arpías, sirenas, centauros y demás seres
del paganismo. La Iglesia crea la idea del demonio, el señor de la
noche que se aparece en las encrucijadas de los caminos, congregando a
los hechiceros y a los muertos condenados eternamente. La Iglesia
sustituye a Hécate por el demonio. Los dioses de la antigüedad son
convertidos en demonios. Los inquisidores optan por obviar el contenido
del Canon episcopi (incluidos en el Decreto de Graciano 1140), aduciendo
que había surgido una nueva secta de verdaderos adoradores de Satán a
la que había que combatir. Describían los encuentros nocturnos en los
que se aparecía el Diablo en forma de cabra y se llevaban a cabo
rituales demoníacos. Llamaban a perseguir a las brujas por herejes y
para darles el oportuno castigo.
Europa fue asolada por frecuentes sequías
y se produjo una merma en la producción de cereales, ocasionando
hambrunas entre los habitantes europeos que, disminuidas sus facultades
inmunológicas, sufrieron los efectos de las epidemias de peste que
ocasionaron grandes mortandades de la población, cosa que sembró el
pánico. La gente asustada buscaba desesperadamente un culpable y se
convirtió en cultivo apto para la proliferación de Mesías y charlatanes
salvadores de la humanidad, que manipularon a las masas, asustadas y
presas de la histeria, encaminaron sus iras hacia los seres diferentes,
entre los que se encontraban las brujas
La caracterización del Demonio y de las
brujas surge de los sátiros, silvanos y faunos de la Antigüedad. La
influencia de los artistas pudo ser grandísima para fijar el concepto
plástico del Demonio. El “Dios cornudo de origen prehistórico” no
intervino en la imagen del demonio. El dualismo entre Dios y el Demonio
al que parecen hacer referencia las brujas del sur de Francia está en
relación estrecha con el sistema de bandos y linajes del medioevo: la
sociedad entera se dividía en dos fracciones que estaban en pugna en
todas y cada una de las actividades cotidianas. La imagen clásica de la
bruja volando sobre el palo de una escoba deriva de las brujas de
Normandía, llamadas “scobaces” o “escobáceas” por la costumbre que se
les atribuía de volar sobre escobas.
LA CAZA DE BRUJAS
Hubo un tiempo, al inicio de la Edad
Moderna, en que muchas personas cultas creían que las brujas y brujos,
en el desarrollo de su actividad, mantenían contactos directos y
estrechos con el diablo. Antes de que la Edad Media finalizara, sobre
todo en Europa, ya muchos pensaban que los maleficios y los pactos con
Satanás, además de ser moneda corriente, eran una afrenta a dios, al
normal desarrollo de la sociedad y a los códigos éticos y morales por
los que ésta se regía. Pensaban además que esas brujas se reunían
alrededor de ritos blasfemos y obscenos en tumultuosas concentraciones
donde el mismo demonio se transfiguraba en real, adoptando diversas
formas y manteniendo relaciones sexuales con sus invocadoras. Por todos
esos motivos, desde los años 1.450 a 1.750, aproximadamente, miles de
personas, mujeres en su mayor parte, fueron detenidas, juzgadas,
condenadas y ejecutadas por practicar actos considerados de brujería. A
todos ellos, brujos y brujas, se les dio el tratamiento no solo de
delincuentes, sino de algo que se consideraba aún peor: herejes y
apóstatas (así se llama a los que reniegan de la fe de Jesucristo
recibida en el bautismo). Miles de personas fueron conducidas a la
hoguera acusadas de usar las artes mágicas, renegando de la religión
cristiana, al haber decidido estar unidos en un pacto eterno con el
demonio. Durante ese periodo prolongado de tiempo al que hacíamos
referencia antes, en la “caza de brujas”, hubo lapsos de tiempo donde se
hacían persecuciones más o menos intensas. El método utilizado se
basaba en descubrir qué personas podían ejercer la brujería. Había
“cazadores profesionales” que entregaban a los supuestos brujos a las
autoridades judiciales en función de denuncias, acusaciones o simples
rumores.
Fundamentos Legales de la Caza de Brujas
Esta fue una operación esencialmente
judicial, de hecho el procesamiento intensivo de brujas en la Europa
Moderna se vio facilitado por ciertas innovaciones legales ocurridas
entre los siglos XIII y XVI. Los tribunales eclesiásticos y civiles de
Europa adoptaron un nuevo sistema inquisitorial de procedimiento
criminal que hizo mucho más sencilla la incoación y enjuiciamiento de
casos de brujería.
• Los tribunales obtuvieron el derecho a
torturar personas acusadas de brujería, haciendo así relativamente
sencillo extraer confesiones y nombres de supuesto cómplices.
• Los tribunales civiles consiguieron la
jurisdicción sobre la brujería, complementando así y sustituyendo en
muchos casos a los tribunales eclesiásticos.
• Se permitió a los tribunales locales y
regionales actuar sin demasiada interferencia del control judicial
central o nacional, garantizando así un número relativamente alto de
condenas y ejecuciones.
• Estas causas, ayudadas por las
circunstancias intelectuales vistas anteriormente posibilitaron la caza
de brujas, de hecho estuvieron estrechamente relacionados, pues la
adopción de nuevos procedimientos criminales facilito la síntesis de
diversas ideas relativas a las actividades en que supuestamente
participaban las brujas; estas innovaciones explican además el porque la
caza ocurrió en este determinado momento. La persecución intensiva de
brujas solo se inició una vez que muchos tribunales europeos hubieron
adoptado el procedimiento inquisitorial y comenzado a emplear la
tortura; y no concluyó hasta que los magistrados y jueces advirtieron
que estaban condenando personas inocentes e introdujeron, en
consecuencia, reformas a las leyes existentes en forma significativa.
Aunque el fenómeno de la caza de
brujas no es exclusivo de la religión católica ya que los protestantes
condenaron, en igual o mayor medida que su contraparte, hay una
institución que queremos destacar para finalizar este capitulo, nos
referimos a la Inquisición, que para nuestra cultura Latinoamericana fue
una realidad concreta.
LA INQUISICION
La inquisición, es sencillamente un
procedimiento jurídico. En la actualidad podríamos llamarlo el
procedimiento de encuesta que se abre cuando se tiene conocimiento de un
crimen, con el objeto de llegar a una decisión final: o la acusación o
el sobreseimiento.
El nombre de inquisición también hace
referencia a un tribunal, que tiene una función específica la
dilucidación en calidad de experto de los crímenes de herejía en la Edad
Media, y de brujería en la gran caza de brujas de la Edad moderna. En
un principio fue fundado por el papa y el emperador germánico en 1231
dirigido de forma clara a una acción concreta: acabar con el catarismo y
los cataros; Luego de esto su acción decayó hasta que en el Concilio de
Trento pasó a formar parte de la nueva estrategia de la Iglesia, no
solo contra la Reforma, sino también contra la brujería (se suponía que
el brujo era hereje, además el contagiado por la Reforma también caía en
delito de brujería, por separarse de la Iglesia Católica).Las normas a
las que estaban sometidos los tribunales de la Inquisición eran las
siguientes: cuando los inquisidores recibían aviso de la presencia de
herejía o brujería en un pueblo, se dirigían a el y en una predicación
solemne, realizada en la iglesia parroquial, pedían a todos los fieles
que les ayudaran a extirpar la brujería del pueblo, y a las brujas
perdón divino. Se inauguraba así el Tiempo de Gracia, que duraba
aproximadamente un mes, si se confesaba el error, al infractor se le
trataba con misericordia y muchas veces salía libre con una penitencia
leve y secreta. Una vez terminado este plazo ya no había compasión, y se
iniciaba el proceso propiamente dicho. Primero se convocaba a los
sospechosos, si no se presentaban eran excomulgados; desde la citación
el inculpado era vigilado y no tardaba en ser arrestado. Una vez en la
cárcel, comparecía ante el tribunal y era interrogado por dos religiosos
sanos de espíritu y por un notario, se hacia la relación de la
acusación, sin citar al acusador y con dos testimonios que la
confirmasen era suficiente. El testimonio era secreto, en ausencia del
acusado, el que no tenía derecho a la defensa de un abogado. Ante la
resistencia a confesar los crímenes se contaba con una amplia gama de
instrumentos de coacción, que realizaba el brazo secular, acerca de esto
daremos a conocer la siguiente crónica:
Una Crónica del Proceso Inquisitorial y su aplicación mediante tortura.
Cuando el prisionero ha sido examinado
tres veces y todavía persiste en le negativa, sucede a menudo que es
retenido durante un año entero o más tiempo antes de ser admitido a otra
audiencia, para que cansado pos su encarcelamiento, sea más propenso a
confesar lo que se desea; mas si todavía persiste en le negativa,
finalmente se le entrega su acusación entremezclada por cierto numero de
supuestos, crímenes de naturaleza nefanda, cuya composición de verdad y
falsedad es una trampa para el infeliz desgraciado; pues, como
raramente deja de exclamarse contra los crímenes fingidos, sus jueces
concluyen que los otros de los que se queja menos son verdaderos. Cuando
se celebra en serio su juicio, los testigos son examinados de nuevo, y
se le entrega una copia de las declaraciones suprimiendo las
circunstancias que pudieran revelar la identidad del testigo; el
prisionero replica a cada particular y da interrogatorios a los que
quisiera que se sometiesen los testigos y los nombres de otros que
quisiera que se examinasen en su nombre; se le designa un abogado, lo
cual, pese a tener apariencia de Justicia, en realidad de nada sirve al
prisionero, pues el abogado aprestado juramento ante el oficio, no se le
permite hablar con su cliente salvo en presencia del inquisidor, ni
puede alegar en su favor nada salvo lo que juzgue apropiado. Después de
llevar el proceso de esta manera durante un tiempo considerable, los
jueces, con sus asesores, examinan las pruebas y determinan la suerte
del prisionero; si sus respuestas y excepciones no son satisfactorias,
ni las pruebas contra él bastan para declararlo culpable, se le condena a
la Tortura.
El escenario de la diabólica crueldad
es una oscura bóveda subterránea; a su llegada allí el prisionero
escogido inmediatamente por un torturador, que lo desnuda enseguida.
Mientras lo desnudan y mientras es torturado, el inquisidor lo exhorta
encarecidamente a confesar su culpa, pero sin levantar falso testimonio
contra sí mismo o contra otros. La primera Tortura es la de la Cuerda,
que se lleva a cabo de esta manera. Las manos del prisionero se atan a
su espalda, y por medio de una cuerda ligada a ellas y pasando por una
polea, es levantado hasta el techo, donde habiendo colgado durante un
rato con pesas atadas a sus pies, es bajado hasta casi tocar el suelo
con sacudidas tan bruscas que le descoyuntan los brazos y las piernas,
por medio de lo cual se le infringe el más exquisito dolor, y se le
obliga a gritar de modo terrible. Si la fuerza del prisionero aguanta,
normalmente le torturan de esta manera durante cerca de una hora, y si
esto no le arranca una confesión que les guste, recurren a la siguiente
tortura, a saber: el Agua. El prisionero es tendido de espalda en una
artesa de madera por cuyo centro pasa una barra sobre la que repose su
espalda, y a veces se le rompe así la espina dorsal y se le inflige un
dolor increíble. La tortura del agua se ejecuta a veces al prisionero a
tragar una cantidad de agua y luego apretándole el cuerpo atornillando
mas los lados de la artesa; otras veces se le coloca un paño mojado
sobre la boca y las ventanas de la nariz del prisionero y una pequeña
corriente de agua descendiendo constantemente sobre ella introduce el
paño en su garganta, que al ser retirado de pronto sale con sangre y
agua y hace pasar al infeliz desgraciado las Agonías de la muerte.
La siguiente tortura, a saber, la del Fuego, se ejecuta así:
el prisionero hallándose en el suelo se
le acercan los pies a una hoguera y se le frotan con materia untuosa y
combustible, por medio de la cual, el calor penetrando en esas partes,
sufre dolores peores que la muerte misma….En la practica de la tortura
se seguía todo un ritual majestuoso que hacia aun más inquietante el
procedimiento(como vimos anteriormente), con los resultados de los
interrogatorios, se reunía el tribunal, formado por una especie de
jurado, se les leía el resultado de los interrogatorios y ellos
formulaban su criterio, con esto se decidía la sentencia la que se hacia
publica de manera solemne en el denominado Sermón General, que se
celebraba el domingo delante de la Iglesia, con los acusados instalados
sobre una tarima donde todos pudieran verlos. El inquisidor mayor
efectuaba el sermón y de cuando en cuando se detenía para ver si el
acusado cambiaba de parecer. El sermón concluía con la proclamación de
la sentencia, que podía ser de tres clases: confiscación de los bienes,
la cárcel y la pena de muerte, sobre esta ultima era realizada en unos
espectáculos grandiosos, de gran magnificencia llamados Autos de Fe, de
los cuales escuchamos otra crónica de un embajador veneciano en Madrid, a
mediados del siglo XVI:
El pasado domingo hizo quince días que se
celebró en Murcia un acto que en Toledo llaman acto de la Inquisición,
en el cual veintinueve individuos fueron quemados por judíos. Entre
ellos había algunos personajes principales, por lo que la confiscación
de sus propiedades reportara al rey más de 4.000.000 de ducados. Ya he
informado a vuestra serenidad de que un judío, mientras se hallaba preso
en aquella ciudad, corrompió a gran parte de la población y de como
ello fue descubierto, de modo que el castigo de los culpables aun no ha
concluido. Las veintinueve personas que fueron quemadas últimamente eran
todas impenitentes, pero, si se hubieran retractado y pedido
misericordia incluso en él ultimo momento, les habrían respetado la
vida, aunque con perdida de sus propiedades y de su libertad, en virtud
de un privilegio en ese sentido de que gozan los reinos de Murcia,
Granada, Aragón, Cataluña y Valencia, pero que no se concede a los de
Castilla, donde, a menos que la retractación se haga dentro de cierto
periodo, el individuo que omite hacerla es necesariamente ajusticiado….
Este panorama inquisitorial es sólo
un resumen, en el que hemos querido proporcionar una muestra
comprensible y aproximativa del procedimiento que se ejercía en tiempos
de la caza de brujas.
CONCLUSIÓNES
Para llegar a la gran caza de brujas de
la Edad Moderna tuvieron que ocurrir una gran variedad de fenómenos, los
que se comenzaron a gestar varios siglos antes y que detonaron en el
siglo XVI, no espontáneamente, sino como una lenta acumulación de
conocimientos en el inconsciente colectivo de la población dirigente
medieval. Esta acabo convenciéndose de que las brujas realmente
realizaban las acciones que se les atribuían.
Este concepto acumulativo pasó por
varias etapas: paganismo, herejía y brujería. Los últimos dos han sido
objetos de este estudio y para ordenar las ideas comenzaremos por la
herejía: La época medieval es llamada, según Duby, la era de las
herejías vencidas o sofocadas, son permanentes, abundantes, endémicas,
incluso necesarias, pero siempre terminan derrotadas, hasta la fase de
la reforma luterana.
• Hay una clara dificultad para
definir al hereje; en este estudio se comenzó con la definición
enciclopédica, y luego por la de un historiador teólogo, para quién
hereje es aquél que elige, selecciona una parte de la verdad total y
luego se obstina en su elección, aunque se señaló que esto no es la
verdad absoluta.
• Un hereje llega a serlo por
decisión de las autoridades ortodoxas, marcándose claramente dos polos
irreconciliables, ORTODOXIA Y HEREJÍA. Entre
Ambos se extienden anchos márgenes,
enormes zonas de indiferencia, y a veces de neutralidad, pero estos
márgenes siempre son movedizos e indefinidos.
• Esta claro que la Iglesia se
mostrará más o menos exigente en un momento o en otro con el sector de
la sociedad tachado de herético y como tal, hostigado y condenado, solo
comparemos la represión del caso Cátaro con la herejía del Santo Lebrel.
• Por último, hay que destacar el papel
fundamental e inmediato que desempeña la ortodoxia en la aparición y
producción de la herejía que afecta también al contenido de las
doctrinas heterodoxas.
• ¿A quién llega la herejía? : A
seres insatisfechos a los que la Iglesia a su alcance no ha sabido
llenar sus exigencias espirituales, y que por eso se apartan de ella y
prestan oídos a otros mensajes; estas son las herejías o devociones
fallidas, frustradas. Estas doctrinas al ser transmitidas y propagadas
sufren degradaciones y renovaciones, aunque casi no existen documentos
para verificar la magnitud de esta degradación. Ella puede observarse en
el caso de las herejías populares o folclóricas, paso final de
cualquier doctrina herética. Por último, importante es la represión en
la historia de las herejías, encontrándose casos en que estas son
domesticadas y reconciliadas y algunas se apropian de su doctrina
(franciscanos). Pero al perseguir y castigar, la ortodoxia crea todo un
arsenal que luego sobrevive largo tiempo a la herejía contra la que
debía luchar (Inquisición).La brujería es un tema distinto y aparece con
frecuencia desde el mundo pagano de la Europa alto medieval. No es un
fenómeno culto, en el sentido estricto, las brujas no tienen
bibliotecas, dice Duby1, si bien a partir del siglo XI magia y brujería
parecieron eclipsarse ante la herejía. A partir del siglo XIII la
situación cambia volviendo a florecer así un nuevo concepto: la magia
culta. Entonces nace la creciente perfilación del peligro que
representaba para la opinión general estos hijos del demonio que eran
los brujos. Desbaratada gracias a la propagación de las ordenes
mendicantes, el aparato inquisitorial y a los ejércitos cruzados, la
crisis del Catarismo tuvo un papel importante en el resurgimiento
histórico de la brujería. Por motivos puramente eclesiásticos ya no se
podía considerar con tolerancia la subsistencia de antiguas y no
integradas supersticiones que la creciente urbanización de los estratos
inferiores traía del campo a la ciudad. En las viejas hechiceras y
curanderos comienza a vislumbrarse la presencia directa del demonio y
del culto rendido a éste. En los antiguos ritos y técnicas terapéuticas
comienzan a buscarse las pruebas de una anti-iglesia. Esto no se debió
al capricho de los teólogos sino que la Iglesia al acumular victorias,
había agregado cada vez más adversarios y más personas que se formulaban
preguntas y se descubrían llenos de dudas. La inquisición y toda la
represión había acabado con la mayoría de las herejías, pero las
críticas y las tendencias a reinterpretar algunos valores eran cada vez
más abundantes. El interés creciente por el demonio puede determinarse
en parte como consecuencia de la represión de los cátaros; la
contrapartida del dios bondadoso era cada vez más importante en la
religión culta y popular. Naturalmente el Catarismo no es responsable
directo de esto; jamás un cátaro realizó un culto demonológico, sólo se
les atribuyó que lo hacían, lo que pesó profundamente en el inconsciente
colectivo.
El siglo XIII presenció la
permanencia de las herejías, oficialmente derrotadas, pero
extraoficialmente florecientes. Sin embargo ya no hablamos de herejías
cultas, sino a un nivel sumamente deteriorado; es importante hacernos
las preguntas que hace Cardini ¿depende la atención que se les presta el
hecho de que aparezcan o se reanuden en este preciso instante?, ¿O se
trata más bien de lo contrario, es decir, que fueron practicas en
realidad no interrumpidas nunca, y que sólo a partir de un determinado
momento llamaron la atención de clérigos e inquisidores?
Esto sentaría las bases de una
interpretación de la brujería como un complejo de ritos y prácticas
nunca interrumpidas realmente, aunque escasamente documentadas y
descubierta sólo en el curso del siglo XIII por una iglesia decidida a
no tolerar manifestaciones inconformistas o masivas, ni siquiera cuando
se presentaban como formas sagradas, quería evangelizar completamente
todas las doctrinas, incluso las más profanas. Además implicaría que
tras la brujería existía toda una práctica litúrgica coherentemente
articulada y organizada. Lo que sí está claro es que a partir
aproximadamente de la mitad del siglo XII la sombra de la herejía se
extiende por sobre vieja y hasta toleradas prácticas brujescas,
profundas supersticiones de la Europa rural y pastoril. La opinión de
los teólogos se superpuso a la tesis agustiniana, demonizadora de las
divinidades paganas y es aquí de donde nace la constante amenaza del
demonio sobre la humanidad. El encuentro herejía−brujería de ningún modo
fue directo e inmediato, más bien se dio paulatinamente un cambio en el
concepto acumulativo de brujería, constantes coincidencias en las
esferas de los dos conceptos. La brujería como herejía tardo en
denunciarse. Luego de la gran crisis del siglo XIV en la cristiandad
occidental, la sociedad tenía la impresión de vivir como en una
fortaleza asediada por el demonio; gran responsable de esta preocupación
corresponde a la obra sistematizadora y acumulativa del inquisidor
general de Aragón, el dominico Nicolás Eymerich, que en su Directorium
Inquisitorium negaba que hubiese formas de herejía que pudieran quedar
fuera del alcance de la brujería. Sin embargo el tema fundamental en el
cual se terminó de crear la imagen teológica−jurídica de una brujería
fue el pacto con el demonio, entendido no en un sentido contractual sino
más bien de sujeción, o una fidelitas, que el hombre juraba al diablo y
en cuyo acto le rendía un homenaje. Al hacer esto el brujo traicionaba
la base misma de la ley: non habebis deos alienos coram me, no tendrás
dioses extraños por sobre mí. Este cambio de igualdad a sumisión le
corresponde exclusivamente a la mujer como principal objeto de la
brujería, las que se vieron mayormente afectadas por la caza de brujas
¿serían estos antiguos elementos misóginos propios de la cultura
eclesiástica? El caso es que la profesión brujeril estaba profundamente
vinculada a condiciones profesionales femeninas, como por ejemplo, la
comadrona, curandera, mendiga o prostituta. La imprenta también aportó a
la caza de brujas, al masificar la cantidad de manuales de inquisidores
a lo largo de Europa, pasando a poner en nivel público las polémicas
teológicas acerca de los poderes del demonio. Finalmente, la brujería
siempre trata en el ámbito cotidiano, es decir, la clientela del brujo o
bruja pertenecía alas más variadas capas sociales, que se
homogeneizaban en el hecho de tener necesidades y deseos inconfesables.
Como agitadora y al mismo tiempo conservadora de las estructuras
sociales en que operaba, la brujería fue siempre una actividad conocida y
reconocida por el pueblo que desde muchos ángulos necesitaba de ella;
la bruja era asesina, destructora de matrimonios, procuradora de
abortos, evitaba al mismo tiempo las crisis domésticas e interfamiliares
ocultando sus diversas causas, vendía ilusiones, aliviaba a cuantos
acudían a ella y los alejaba de la rebeldía. Sólo cuando los teólogos,
es decir la cultura literaria, imparten su condena sobre ella es que
esta práctica comienza a ser perseguida.
Ya en los tiempos modernos, calcular
el número de personas que murieron acusadas de brujería es una tarea
imposible. Muchas actas judiciales han desaparecido al correr del
tiempo, otras ni siquiera se llegaron a redactar. Los cálculos más
alarmistas sitúan la cifra de ejecutados sólo en Europa en un periodo de
trescientos años en nueve millones de personas. Cálculos más serios,
reducen ostensiblemente el número, situándolo en cien mil procedimientos
abiertos y unas sesenta mil personas conducidas a la hoguera o a la
horca.
Llaman más la atención las cifras si
detenemos la vista en situaciones concretas y contrastadas
documentalmente. Así, por ejemplo, en Alemania, en el estado territorial
gobernado por un Príncipe obispo fueron ejecutadas doscientas setenta y
cuatro personas en un año y en otra localidad alemana, en un solo día,
se condujo al cadalso a ciento treinta y tres en el año 1.589.
A los perseguidores de la brujería estas
cifras les debían resultar secundarias o de poca importancia, ya que en
algunos lugares hicieron estudios del número de brujas que “andaban
sueltas”, como en el condado francés de Rethelois, donde calcularon en
más de siete mil las brujas que dejaron sin capturar.
La posibilidad de defenderse de las
imputaciones era complicada, además se puede pensar que la mayor parte,
por no decir todas las acusaciones, debían carecer de legitimidad o
fundamento.
Sobre todo, durante los siglos XVI y
XVII, se establecieron grandes “cazas de brujas”, que extendieron el
pánico y el histerismo entre la población de Alemania, Suecia, España,
Francia, Inglaterra, Polonia… ningún país europeo escapó a esta debacle
de terror. La caza funcionaba como una especie de cadena. Las primeras
(supuestas) brujas detenidas, después de ser forzadas a la confesión,
generalmente a través de la extorsión y de la tortura, eran obligadas a
la delación de otras brujas. Así, en muchos procedimientos, como la caza
de Tréveris, de trescientas seis brujas denunciadas, se pasó por este
método a la detención de mil quinientas personas, consideradas sus
cómplices.
Hay un sinfín de razones que
condujeron a que se extendiera el miedo entre la población de esta forma
tan desmesurada. Las brujas y brujos fueron una especie de chivo
expiatorio en el que se concentraban todas las culpas de los problemas o
los males a los que se enfrentaban. Algunas explicaciones apuntan a la
necesidad de los poderes de contentar al pueblo al encontrar un culpable
en este colectivo y darle un escarmiento público. Si las cosechas se
echaban a perder, se apuntaba a las brujas como responsables, ya que
entre sus poderes estaba el producir plagas o tormentas dañinas. Se las
consideraba las culpables de que los rayos cayeran sobre los campanarios
o, al ser capaces de fabricar pócimas, de hacer que las personas
cayeran enamoradas o fueran portadores de la mala suerte. También era
una extendida creencia popular la idea de que las brujas podían
convertir a otros en animales o que ellas mismas podían transfigurarse
en la bestia que desearan.
Todas estas ideas sin base lógica ni
científica, y lo que es peor sin prueba alguna, eran apoyadas por
supuestos hombres respetados por su sabiduría e inteligencia. Lutero o
Calvino, fueron algunos de ellos.
Es curioso que la “caza de brujas”
estuviera enfocada contra aquellas personas que supuestamente
practicaban la magia y el encantamiento, el maleficium, como se conocía,
pero los clientes y demandantes de los servicios de estas brujas y
brujos no parecían ser perseguidos. Si las brujas no tenían a quién
prestar su servicio, es sencillo pensar que tal servicio era
inexistente.
Por supuesto, esta práctica de culpar a
las brujas de todos los males que acechaban a la sociedad inculta,
víctima de la superstición y de la falta de sentido común, cruzó el
Atlántico.
POR ESTO, EN EL FONDO, LA CUESTIÓN
SOCIAL COMIENZA ALLÍ DONDE LA BRUJERÍA TERMINA: ALLÍ DÓNDE EL HOMBRE SE
DESCUBRE SOLO ANTE SU DESTINO…
Las brujas de Salem.
En Nueva York, Nueva Jersey, Delaware,
Maryland o Virginia, hubo juicios contra brujas, que dado el carácter
tan extremista de Europa, se pueden considerar como ocasionales. Que
haya quedado registrado, solo un juicio en Maryland, acabó con la
ejecución de la encausada. Sin embargo, en Nueva Inglaterra se llegó a
procesar a doscientas treinta y cuatro personas, de las que treinta y
seis acabaron ejecutadas. Es revelador este número de víctimas teniendo
en cuenta que la población total era de cien mil habitantes.
En Salem, Massachussets, en 1.692, se
llegó a dar muerte a veinte supuestas brujas. La razón de esta
persecución entronca más con los valores puritanos, sociales y morales,
que con cualquier otra cosa. Las acusadas que peor destino corrieron
fueron aquellas que no reconocieron la autoridad del Tribunal encargado
de juzgarlas, que aunque era de carácter civil, estaba estimulado por
las acusaciones del clero, quien con este tipo de acciones pretendía
atacar al poder diabólico que acechaba a la sociedad.
El final de todas estas “cazas de brujas”
llegó a través de leyes y decretos legislativos que intentaron poner
remedio a la sanguinaria persecución de personas inocentes. Juristas,
jueces y magistrados enfrentados a teólogos o filósofos, tuvieron en sus
manos el poder necesario para detener la barbarie.
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